Una
chica perdida, perdida en un lugar desconocido; encerrada en una habitación sin
poder salir. Todo a su alrededor… no existe.
Prólogo
Una chica de tez blanca, muy pálida,
con unos ojos que resaltan por su color negro, tan puro que con solo verla a
los ojos te pierdes en su mirada. Sus cabellos tan largos, que por tanto tiempo
han crecido hasta llegar a sus rodillas.
Ya no demuestra emoción alguna, seria,
como si no tuviera corazón, sólo un cascaron que no te permite ni siquiera
poder imaginar lo que piensa o desea hacer, sólo cuando hace algún suave
movimiento.
La chica no tiene nada que hacer, ni a
donde ir, encerrada en una habitación completamente roja, suelo y paredes, de
un rojo continuo que no te permite distinguir a simple vista donde termina la
pared y donde comienza el suelo. Lo único que permite saber cómo es la pequeña
habitación, es una ventana por la que sólo se ve una reja que la protege, es
como si no quisieran que ella saliera, por ningún motivo. Más allá de la
protección todo es una negra oscuridad. Todo en la habitación es sombrío, sin
color por la falta de luz, incluso la chica que viste un vestido liso de color
blanco, poco a poco pierde esa esencia a vida, no tiene necesidades, lo único
que hace es acomodarse en una esquina, horas tras horas a pensar…
- Tantas preguntas existen en mi cabeza
pero no las acompaña ninguna respuesta, se encuentran tan solitarias como mi
existencia en este lugar. No sé qué lugar es éste, como llegué ni la razón por la que estoy aquí, lo único que sé es que
poco a poco estoy olvidando mis recuerdos ya que cada vez, sé menos de mí
misma; no solo no recuerdo a mi familia, sino que tampoco el lugar del que
vengo y lo que más miedo me da es que poco a poco estoy olvidando como soy
físicamente, como actuaba con los demás, si tenía amigos o estaba sola, sólo sé
que me llamo Angelys, ni siquiera recuerdo mi apellido. No tengo noción del tiempo,
lo único que puedo decir es que ha pasado bastante por el largo de mi cabello,
aquí no sale el sol así que no puedo predecir si es de día o es de noche,
siempre en esta oscuridad a la que ya me he acostumbrado.
<< Me da miedo dormir, cada vez
que lo hago se menos de mí y mis recuerdos, mis sueños son largo y siento que
me fuera a morir, nunca despertar, nunca más, no duermo muy seguido por aquella
razón pero tampoco tengo razones para estar despierta o incluso para estar
viva, no debería temerle a la muerte, si no tengo nada que hacer, no sufro de
hambre así que no me alimento, de cualquier forma no tengo comida así que
tampoco podría hacerlo, no puedo hacer nada encerrada en este pequeño lugar,
tampoco puedo escapar, ya he roto el vidrio de la ventana pero como no hay nada
en este lugar no puedo sacar la protección; la ventana aún sin el vidrio a
través de ella no entra ni siquiera una pequeña brisa, nada, siento que por más
que lo intente no tengo esperanzas de salir de este horrible lugar…
<< Cuando llegué no recordaba
demasiado. Recuerdo que desperté y estaba en este lugar, intenté llamar a mi
madre de la que ahora ni siquiera recuerdo como era o como se llamaba. Estaba
desesperada, era como la cárcel pero no hay nadie del otro lado de la reja, nunca
me ha gustado la oscuridad pero ahora me doy cuenta de que el miedo que tenía
en esos momentos no se compara con la oscuridad absoluta e infinita.
<< No quiero seguir con esto pero
tampoco puedo terminar con mi vida, ya que no hay nada, me siento tan sola,
quizás alguien quería que reflexionara en este lugar solitario sobre mi vida,
pero si la estoy olvidando entonces no se cual es la razón de mi existencia,
tal vez me iba a encontrar con alguien y sucedió algo malo, o le hice daño a
alguien y ahora estoy pagando por eso, no lo sé, muchas preguntas llegan a mi
cabeza pero no se cual es la respuesta correcta a estas preguntas que me
abruman.
<< ¿Qué puedo hacer? Ya he buscado
una salida, intente encontrar un pasadizo secreto pero las paredes y suelo son lisos,
la venta ya está rota pero la protección no me permite continuar, no hay luz
así que no puedo distinguir las cosas a simple vista; no sé qué hacer, cada vez
que me desespero termino ahogándome en mis lamentos, en mis penas, en mis
alegrías no, porque hace ya mucho tiempo que no las tengo; y solo consigo el
darme cuenta de lo insignificante que soy frente a este problema, ya solo
quiero no hacer nada cada vez que pienso en algo me deprimo mas y mas, ya ni
siquiera quiero caminar, estoy perdiendo energía, mi pequeña flama de vida se está
apagando, quedará solo el cascaron de mi cuerpo y yo quizás pueda ir a otro
lugar, un lugar más feliz.
<< Quiero salir de este lugar,
tener otra oportunidad en la vida, pasear con amigos, comer un helado, estar
con mis padres… quiero salir… quiero salir… salir de este lugar… - pensaba eso mientras corría una
lágrima por mi mejilla y al mismo tiempo escuchaba una voz, una voz que
provenía de otro lugar y que nunca antes había escuchado, que decía
desesperadamente “por favor, Angelys, despierta, por favor”, en ese momento en
la pared que se encontraba frente a mi apareció una puerta, de la nada
simplemente apareció frente a mí, de su contorno brotaba una luz, me dirigí
hacia ella y con un suave movimiento giré la perilla, una gran luz me envolvió,
cuando por fin pude ver nuevamente - aunque no de manera nítida - no me podía
mover, una voz a lo lejos se escucha, era la misma voz que había oído
anteriormente, aquella voz desesperada que pedía que despertara, se encontraba
aun más desesperada llamaba a doctores, enfermeras. Como se escuchaba a lo
lejos no podía entender demasiado, cuando recobre la vista perfectamente,
distinguí una persona, para ser más exacta era una mujer, la voz provenía de
ella, continuaba llamando a alguna enfermera y/o un doctor que no demoró
demasiado en hacerse presente, aquella señora tomó mi mano y me dijo:
- Angelys, no te preocupes, yo estoy
contigo y no pienso dejarte sola
No entendía que era lo que pasaba,
¿Quién era aquella mujer? ¿Cómo sabía mi nombre y porque me trataba de forma
familiar?. Por fin pude articular algunas palabras
- ¿Quién… quien es usted?
Perpleja me miró con una cara de ternura
- ¿No te acuerdas de mí?
- no - dije fríamente, ya que no la
conocía
Con lágrimas brotando de sus ojos me
dijo
- no me digas algo así, Angelys, por
favor… por favor… no me digas que no te acuerdas de mí… de tu madre… Carolina.
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